Novela: "Maravilloso Desastre"
Capítulo 42:"Te quiero"
La noche fue larga. No dejé de mirar el
reloj, y me sentía mal cada vez que veía que había pasado otra hora. No podía
dejar de pensar en Peter y en si lo llamaría o no, preguntándome si él también estaría despierto.
Finalmente, como último
recurso, me puse
los auriculares del
iPod en los
oídos y escuché todas las
canciones repugnantes de mi lista de reproducción a todo volumen.
Cuando
miré el reloj
por última vez,
eran más de
las cuatro. Los
pájaros cantaban ya
junto a mi ventana, y sonreí cuando empecé a notar
los ojos pesados. Parecía que habían pasado solo unos minutos cuando oí que
llamaban a la puerta, y Cande irrumpió en la habitación.
Me quitó los auriculares de los oídos y se dejó
caer en mi silla de escritorio.
—Buenos días, encanto. Tienes un aspecto
horrible —dijo ella. De su boca, salió una burbuja rosa, que hizo estallar
ruidosamente.
—¡Cierra el pico, Cande! —dijo Euge desde
debajo de las sábanas.
—Te das cuenta de que es inevitable que dos
personas de carácter, como Peter y tú, se peleen, ¿no? —dijo Cande, mientras se
limaba las uñas, sin dejar de mascar una enorme bola de chicle.
Me giré
en la cama.
—Estás oficialmente despedida. Eres una
conciencia terrible.
Se rio.
—Es que te conozco; si te diera mis llaves
ahora mismo, irías conduciendo hasta allí.
—Desde luego que no.
—Lo que tú digas —contestó en tono cantarín.
—Son las ocho de la mañana, Can.
Probablemente sigan desmayados.
En ese preciso momento, oí una tenue llamada
a la puerta. El brazo de Euge salió despedido de debajo de la colcha y giró el
pomo.
La puerta se abrió lentamente y vi a Peter
en el umbral.
—¿Puedo entrar? —preguntó en voz baja y
áspera. Los círculos púrpura de debajo de sus ojos daban cuenta de su falta de
sueño, si es que había llegado a pegar ojo en algún momento.
Me senté en la cama, sorprendida por su
aspecto exhausto.
—¿Estás bien?
Entró y cayó de rodillas delante de mí.
—Lo siento mucho, Lali, de verdad, lo siento
—dijo él mientras me rodeaba con los brazos por la cintura, con la cabeza
enterrada en mi regazo.
Mecí su cabeza en mis brazos y levanté la
mirada hacia Cande.
—Eh… Creo que mejor me voy —dijo incómoda,
mientras buscaba el pomo de la puerta.
Euge se frotó los ojos y suspiró; después
cogió su neceser con las cosas para la ducha.
—Siempre estoy muy limpia cuando estás por
aquí, Lali—gruñó ella, cerrando la puerta de un golpe tras de sí.
Peter me miró.
—Sé
que siempre me comporto como un loco cuando se trata de ti, pero
Dios sabe que
lo intento, Paloma. No quiero
joder lo nuestro.
—Pues entonces no lo hagas.
—Esto es difícil para mí, ¿sabes? Siento que
en cualquier segundo te vas a dar cuenta del pedazo de mierda que soy y me vas
a dejar. Ayer, mientras bailabas, observé a una docena de tíos mirándote. Entonces
te fuiste a la barra, y te vi dando las gracias a ese tío por la copa. Después,
a ese imbécil de la pista de baile no se le ocurrió otra cosa que cogerte.
—Sí,
pero yo no
voy dando puñetazos
a todas las
chicas que hablan
contigo. Además, no
puedo quedarme encerrada en el apartamento todo el tiempo. Vas a tener
que controlar ese mal carácter tuyo.
—Lo haré. Nunca antes había querido tener
novia, Paloma. No estoy acostumbrado a sentir esto por alguien…, por nadie. Si
eres paciente, te juro que encontraré el modo de manejarlo.
—Dejemos algo claro: no eres un pedazo de
mierda, eres genial. Da igual que alguien me invite a una copa o a bailar, o
que intenten flirtear conmigo. Con quien me voy a casa es contigo. Me has
pedido que confíe en ti, pero tú no pareces confiar en mí.
Frunció el ceño.
—Eso no es verdad.
—Si crees que te voy a dejar por el primer
chico que aparezca, entonces es que no tienes mucha fe en mí.
Me agarró con más fuerza.
—No soy lo bastante bueno para ti, Paloma.
Eso no significa que no confíe en ti. Solo me preparo para lo inevitable.
—No
digas eso. Cuando
estamos a solas,
eres perfecto. Somos
perfectos. Pero después
dejas que cualquiera lo
arruine. No espero
que cambies completamente
de la noche
a la mañana,
pero tienes que elegir tus batallas. No puedes acabar
peleándote cada vez que alguien me mire.
Él asintió.
—Haré todo lo que quieras. Solo… dime que me
quieres.
—Sabes que es así.
—Necesito oírtelo decir —pidió, juntando las
cejas.
—Te quiero —dije, mientras tocaba sus labios
con los míos—. Ahora deja de comportarte como un crío.
Él se rio y se metió en la cama conmigo.
Pasamos la hora siguiente sin movernos, bajo las sábanas, entre risas y besos,
y apenas nos dimos cuenta de que Euge había regresado de la ducha.
—¿Podrías salir? Tengo que vestirme —dijo
Euge a Peter, mientras se anudaba con más fuerza el albornoz.
Peter me besó en la mejilla y después salió
al pasillo.
—Nos vemos en un segundo.
Me dejé caer sobre la almohada, mientras
Euge rebuscaba en su armario.
—¿Por qué estás tan contenta? —rezongó ella.
—Por nada —respondí con un suspiro.
—¿Sabes
qué es la
codependencia, Lali? Tu novio es
un ejemplo de
manual, lo que
resulta escalofriante teniendo en cuenta que ha pasado de no tener
respeto alguno hacia las mujeres a pensar que te necesita para respirar.
—Tal vez sea así —dije, resistiéndome a que
me chafara el buen humor.
—¿No te preguntas a qué se debe? A ver…, se
ha trajinado a la mitad de las chicas del campus. ¿Por qué tú?
—Dice que soy diferente.
—Por supuesto que sí, pero ¿por qué?
—¿Y a ti qué más te da? —le espeté yo.
—Es peligroso necesitar tanto a alguien. Tú intentas
salvarlo y él espera que lo hagas. Son un auténtico desastre.
—Me da igual qué es o por qué ha surgido.
Cuando todo va bien, Euge…, es maravilloso.
Ella puso los ojos en blanco.
—No tienes remedio.
Peter llamó a la puerta y Euge lo dejó
entrar.
—Voy a la sala de estudio común. Buena
suerte —dijo con la voz más falsa que podía impostar.
—¿A qué venía eso? —preguntó Peter.
—Me ha dicho que somos un desastre.
—Dime algo que no sepa —dijo sonriendo.
De repente, centró la mirada y me besó la
suave piel de detrás de la oreja.
—¿Por qué no vienes a casa conmigo?
Apoyé la mano en su nuca y suspiré al notar
sus suaves labios contra la piel.
—Creo que me voy a quedar aquí. Estoy
constantemente en tu apartamento.
Levantó de golpe la cabeza.
—¿Y qué? ¿No te gusta estar allí?
Le toqué la mejilla y suspiré. Se preocupaba
muy rápidamente.
—Claro que sí que me gusta, pero no vivo
allí.
Me recorrió el cuello con la punta de la
nariz.
—Te quiero allí. Te quiero allí todas las
noches.
—No pienso mudarme contigo —dije negando con
la cabeza.
—No te he pedido que te mudes conmigo. He
dicho que quiero que estés allí.
—¡Es lo mismo! —dije riéndome.
Peter frunció el ceño.
—¿De verdad no vas a quedarte conmigo esta
noche?
Dije que no con la cabeza y su mirada se perdió
por la pared hasta llegar al techo. Casi podía oír los engranajes en el
interior de su cabeza.
—¿Qué estás maquinando? —pregunté
entrecerrando los ojos.
—Intento pensar en otra apuesta.Continuará...
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Chicas maratón 5/5 ULTIMO :D
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